jueves, 3 de julio de 2008

Espías Vascas

Espías Vascas
Por Mikel Rodríguez (*)



A los seres humanos nos gustan los arquetipos porque nos evitan pensar. Todo blanco o negro. Ni el espionaje, con su amplio espectro de grises, se libra de analizar la actuación de las féminas desde esta limitada perspectiva. Respecto a las espías, los arquetipos rozan la simplicidad máxima. Todo se reduce a dos categorías: las santas y las putas. Eso sí, dos categorías con lecturas diversas según la ideología del consumidor.

Para un carlista o un jeltzale, la santa es la tradicional. Como Ramona Arregui, que organizó una red de espionaje a favor del pretendiente Don Carlos durante el sitio de Bilbao. Una mujer animosa, de religiosidad severa, probablemente con estigmas, probada por Dios, que le envió un hijo agnóstico e hipnotista como el doctor Areliza. Las santas no necesariamente son exclusivas de círculos clericales, también pueden ser feministas o revolucionarias. Los incrédulos republicanos galos también tienen sus santas laicas, como María Garay, Menigne Saube-le-Bile, que desenmascaró al espía Pedro Muñoz cuando iba a entregar Baiona en 1651. La cabeza del traidor se mantuvo expuesta durante años en el Castillo Viejo.

La categoría puta es más monocorde, sólo se diferencia por su status social, inteligencia y precio. Margarita d´Andurain era aristócrata e inteligente, lo que le mereció la calificación de ninfómana y mayor genio criminal del siglo XX. A la pobre Raimunda Amarandain, Aurora de Bilbao en la noche del Bocho, se le adjudicaban menos luces y peores ancestros, así que era simple ramera que sonsacaba a marineros. Euskal Herria ha proporcionado una amplia nómina de espías, casi todas poco conocidas, como es propio de su labor. La primera de la que tenemos noticia es la señora de Urtubia, una de los principales agentes de la Liga Católica en Baja Navarra, al servicio de Felipe II. Enviaba sus informes en euskara al palacio del virrey de Navarra a través del abad de Urdax: Jauna: erezebitou dout zure senoriaren carta conserba ordenariocouequin batean, non ezcouac apazen baitizquizut mila bider nitzas douen couidadoas. Nic escribiteus geros emen dabilan beria da armadaren erdia jouan dela Indietaco flotaren bidera eta beste erdia Barzalonara jouan dela. Besteric es ta dino denic gastigazera zure senoriary eta gledizen nais serbizari humblea. (Señor, he recibido la carta de Vuestra Señoría juntamente con la conserva de ordinario y así le beso mil veces las manos por el cuidado que tiene de mí. Desde que le escribí la noticia que corre por aquí es que la mitad de la armada ha ido a la ruta de la flota de Indias y que la otra mitad ha ido a Barcelona. Ninguna otra cosa hay digna de comunicarse a Vuestra Señoría y quedo su humilde servidora).



Portada del libro Espías vascos.

Otro momento importante de las espías vascas coincidió con las guerras carlistas, cuando los liberales lograron infiltrar algunas de sus agentes como damas de compañía en la Corte de Estella. Mientras, a Gabriela la roncalesa le tocaba trasladar los mensajes por lo más agreste del Pirineo. Ni carlistas ni liberales se andaban con blandenguerías y el cura Santa Cruz fusiló en Aretxabaleta a una espía liberal, pese a las órdenes contrarias de su superior. Eso sí, para salvar su alma, tuvo el cuidado de confesarla y comulgarla.

Además de en Europa, las espías vascas han actuado en otros continentes, sobre todo en el Nuevo Mundo. En los servicios secretos argentinos su presencia fue significativa. También en la CIA y su predecesora, la OSS. Así como las vascas han actuado en escenarios lejanos, algunas de las más célebres agentes de información espiaron en Euskal Herria: Micheline Carré la Gata, Mata Hari o Marthe Richard tendieron sus redes en San Sebastián o Baiona.

Femme fatale

La bailarina Raimunda Amarandain, conocida entre los artistas de variedades como Aurora de Bilbao o La Sultana, puso sus dotes de seducción al servicio del Káiser. En enero de 1916 se trasladó a París junto a Adolfo Guerrero. No era su destino definitivo, sino un punto de partida menos sospechoso para alcanzar Inglaterra que la germanófila España.

A pesar de esta preocupación, el MI-5 británico entró en sospechas, pero sin ninguna prueba concreta. Ordenaron a la policía que, cuando la pareja desembarcase, la siguieran y sometieran a discreta vigilancia. Guerrero trabajaba como corresponsal de El Liberal de Madrid y Raimunda, como carecía de permiso para actuar en las varietés, se colocó en el despacho de un comerciante en calidad no se sabe de qué. El contraespionaje inglés vio sus sospechas confirmadas por los grandes gastos de los recién llegados. Guerrero sólo envió dos crónicas por un importe de cuatro libras y ni esa cantidad ni el sueldo de Raimunda justificaban su nivel de vida. Se iniciaron pesquisas en Madrid y el 18 de febrero de 1916 Scotland Yard detuvo a la pareja. Guerrero se hundió durante el interrogatorio y reconoció que trabajaban para la Marina Imperial. La bailarina sonsacaba a los marineros las fechas de partida y rumbo de los convoyes. Guerrero fue condenado a la pena de muerte y La Sultana fue expulsada rumbo a la Península.

Mas transpiración que emoción


Espía Vega en San Sebastian.

Que el trabajo diario en una agencia de información no tiene porque ser emocionante lo certifica la hoja de servicios de la primera vasca que ingresó en los servicios secretos norteamericanos. Maurina Aldecoa había nacido en Idaho en 1913, hija de una pareja de Mutriku y Ea. Su madre apenas entendía inglés, pero le parecía importante que Maurina obtuviese una buena educación y por ello quiso que estudiase. En 1935 Maurina se graduó en la Universidad de Idaho y trabajó como profesora de español en un Instituto.

Los Aldecoa participaron de lleno en el esfuerzo de guerra. Su hermano Manuel se alistó como piloto y murió sobre Lille en 1943. A inicios de 1944 Maurina pidió ingresar en la OSS y un mes después se lo concedieron. Tras entrenarla en Washington, la destinaron a Londres. Trabajaba como analista de información: estudiaba los informes secretos y decidía qué era importante y a qué funcionarios y departamento correspondía. Estaba considerada la mejor de su sección. En un club de oficiales conoció a su futuro marido, un estudiante de arquitectura navegante en un B-17, con el que se casó en junio de 1945 en la catedral católica de Norwich. Y ahí acabó su aventura en el espionaje.

La leyenda: Marga, condesa d´Andurain


A esta aventurera prodigiosa, nacida Jeanne Amélie Marguerite Clérisse en el seno de una familia burguesa de Iparralde, se le adjudicaron las mayores hazañas en el mundo del espionaje: informadora de Lawrence de Arabia en Egipto y Jordania, agente libre en Siria al servicio del Deuxième Bureau, del GPU soviético y de los sionistas, enemigo público nº 1 de la Interpol durante los años treinta, agente franquista, traidora a su patria durante la II Guerra Mundial... Una vida de película hasta su asesinato a botellazos en su yate Dejeillan en el puerto de Tánger en 1948.

Las amateurs: Vitxori Etxeberria, Itziar Múgica, Delia Lauroba y Tere Verdes

Cuando los franquistas ocuparon Bizkaia en 1937, fusilando a mansalva, los hombres se retiraron prudentemente de las labores clandestinas. Y tuvieron que ser cuatro mujeres sin experiencia quienes pusieron en marcha la red de espionaje del Gobierno vasco: Vitxori Etxeberria, de Elizondo, las donostiarras Itziar Múgica, Delia Lauroba y Teresa Verdes, de Bilbao. Obtuvieron y trasladaron a Francia información fehaciente sobre la represión franquista que, difundida internacionalmente, sirvió para frenar las ejecuciones. También procesaron documentación militar para el Ejército francés: características técnicas de los aviones y buques germanoitalianos, disposición de las unidades españolas... La red creció y les buscaron un jefe. Varón, por supuesto. Vitxori trajo andando desde Francia el nombramiento del nuevo responsable, el médico Luis Álava.

El grupo de aficionadas lo estaba haciendo muy bien. Pero todo se torció porque el primer equipo demostró ser mucho peor que las suplentes. Nadie destruyó la lista con los miembros de la red cuando los alemanes ocuparon París. La Gestapo se la pasó a la policía española y todas fueron detenidas. En el juicio las condenaron a muerte por espionaje. Afortunadamente, el mismo general Pétain, jefe de gobierno de Vichy, intercedió por ellas y les conmutaron la pena. Salieron de prisión con la satisfacción de haber escapado con vida, pero con la frustración de ver cómo Franco también se salvaba. Su labor a la postre no había servido para nada.



(*) Mikel Rodríguez es autor de “Espías vascos”, de editorial Txalaparta

Mujeres singulares: aventureras, espías y contrabandistas




Mujeres singulares: aventureras, espías y contrabandistas
Por Mikel Rodríguez

Lo convencional ha caracterizado la vida de la inmensa mayoría de las mujeres a lo largo de la historia. Tanto si su destino era el matrimonio, el convento o el burdel, la existencia del género femenino transcurría por un camino estrecho, prefijado, de límites bien marcados. Una tupida red de reglas – escritas o no – limitaba la libertad personal y la capacidad de opción de las mujeres. Por eso resulta interesante recordar la singularidad de los casos de tres mujeres que rompieron los moldes establecidos en el tradicional País Vasco de la primera mitad de siglo.


Chateau d'Andurain


• La aventurera: la condesa Marga d´Andurain

A inicios de siglo, la población del País Vasco francés no llegaba a los 150.000 habitantes. Se trataba de una sociedad rural, cerrada sobre sí misma, donde la industrialización y las nuevas ideas no habían hecho apenas acto de presencia. Una región conservadora, ultracatólica y tradicionalista, donde el cura y los notables rurales todavía marcaban las pautas de comportamiento. En 1895, en la ciudad de Bayona nació Marga, cuya vida iba a escandalizar desde temprana edad a la buena sociedad de Iparralde y, más tarde, a toda Francia. Las peripecias de nuestra protagonista cumplen todos los tópicos de las novelas de kiosco: lujo y glamour, un matrimonio desigual, paisajes exóticos, amantes, alta política, crímenes, pasiones, traición y una muerte enigmática y violenta.

La familia de Marga era de la alta burguesía provincial y ella recibió una educación esmerada, siempre según los cánones de la época. Pero su carácter no se amoldaba a los libros, las oraciones y la costura, ni a la obediencia a padres y tutores. Así que se saltó todas estas dependencias siguiendo el método típico de la época. Conoció a un oficial de guarnición y se fugó con él del hogar paterno. Tenía entonces quince años.

Frecuentemente la huida del domicilio familiar al de la pareja conllevaba una nueva y más dura dependencia y estas cuestiones concluían con un matrimonio desgraciado o la vuelta de la deshonrada con sus padres, quienes intentarían casarla con alguien de clase social inferior y, consiguientemente, menos exigente. Pero en el caso de Marga no resultó así. Fuese por frío cálculo o porque cesó la pasión, la pareja pronto se rompió y meses después nuestra protagonista contraía nupcias con uno de los mejores partidos de la región, el excéntrico conde Pierre de Andurain. El noble, mucho mayor que ella, iba a proporcionarle los medios económicos y la libertad que ansiaba. La nueva y desigual pareja abandonó su castillo de Mauleón, dedicándose a ver mundo y a disfrutar de la vida, como otros millonarios de la época. Cuando estalló la Gran Guerra, el matrimonio se encontraba en viaje de placer por Egipto. Y allí fue donde su vida dio el giro definitivo.

La capital egipcia hervía de espías y secretos. A las actividades bélicas se sumaban los movimientos de las potencias occidentales para repartirse el Imperio Turco, la actuación de los sionistas y los intentos de los nacionalistas del Wafd para sacudirse la tutela inglesa. Franceses y británicos intentaban controlar a los emergentes líderes árabes e incluirlos en su clientela. En esta situación el Deuxième Bureau y el Intelligence Service hacían en El Cairo la guerra por su cuenta. Eran los ingleses quienes disponían de los mejores agentes: en el impresionante plantel del Arab Bureau sentaban plaza el legendario Lawrence de Arabia; la judía Sarah Aaronsohn, que había de suicidarse antes de confesar su misión; el eminente arqueólogo David Hogarth; el sabio arabista Philby, que se convirtió al Islam... Marga, olvidando su condición de francesa, se puso al servicio de la Gran Bretaña. El jefe para Oriente Medio del MO-4 británico le propuso su primer trabajo: espiar al jefe de los nacionalistas egipcios, Zaglul Bajá, para conocer sus contactos con turcos, alemanes y los rebeldes senussis. Nuestra protagonista carecía de experiencia en labores de espionaje, pero el atractivo personal de sus poco más de veinte años funcionó. Entonces Londres le encomendó una misión de gran calado: debía viajar a Riad para establecer conversaciones con el emir Ibn Saud, un salvaje muy difícil de tratar, pero que sentía gran atracción por las mujeres. En su senectud declaraba que desde los 11 a los 72 años había estado con más de 2000 mujeres.



El fundador de Arabia Saudita, cortejado por franceses y británicos, optó por la clientela inglesa, aunque desconocemos el peso de la francesa en su decisión.

Terminada la contienda parecía el momento de que el matrimonio volviera a su vida ociosa. Pero la adicción al riesgo había arraigado en ellos y la adrenalina iba a ser en lo sucesivo su medio natural. Es difícil saber qué hay de cierto y qué de exageración literaria en las andanzas que se le atribuyeron los siguientes años. En 1918 los condes se establecieron en Palmira, Siria, regentando el Hotel de la reina Zenobia. Nombre bien simbólico, el de la legendaria reina del desierto que desafió a los romanos. El hotel, que sigue abierto, conserva los muebles de estilo vasco de su vestíbulo y comedor. La prensa sensacionalista afirmaba que el establecimiento era frecuentado por el Deuxième Bureau, el MO-4, el GPU soviético, los nacionalistas sirios...
La convivencia de la pareja era tormentosa, con infidelidades por ambas partes, y acabó por romperse. Cuando parecía que ya nada podía sorprender en Marga, ella se superó. Se convirtió al Islam y se casó con un beduino viejo, analfabeto y de mala dentadura, Ben Suliman. Hay quien piensa que más que de amor se trató de la preparación de su nueva aventura. La francesa planeaba ser la primera mujer europea que entrase en la ciudad sagrada de La Meca. Lo intentó disfrazada de hombre, pero fue descubierta y sólo la intervención de su viejo conocido Ibn Saud - que en 1919 se había apoderado de la ciudad - le salvó la vida. El pobre Ben Suliman moría poco después. Las malas lenguas dijeron que envenenado.

En 1935 los condes de Andurain se reconciliaron y tomaron nuevas nupcias. Poco duró el matrimonio porque Pierre apareció muerto en su bañera, en Palmira. Según la prensa, apuñalado. Para este momento la viuda era muy famosa y en Francia ya le habían dedicado un libro. Marga volvió a su hogar y se estableció en Bayona. La buena sociedad no la recibía y ella prosiguió su vida libre, sin más criterio ni guía que la aventura y el dinero. Su inconformismo derivó hacia lo patológico, traspasando todas las reglas y las leyes. Cuando en 1936 estalló la Guerra Civil vendió informaciones a ambos bandos. Durante la II Guerra Mundial se la acusó de haber convertido su mansión en un prostíbulo de lujo para oficiales nazis, así como de organizar una red de mercado negro. Era una visitante asidua de la Villa Gobette, el cuartel general de la Gestapo en Hendaya. Ante el declinar nazi, Marga huyó a Argel, donde entabló contacto con los gaulistas, obteniendo un perdón parcial.

En 1945 se instaló en Tánger, dispuesta a seguir con la misma vida pese a sus cincuenta años. Desde el Djeilan, un yate de 18 metros, prosiguió con sus actividades, que finalizaron el 5 de noviembre de 1948. Ese día, su amante, un supuesto súbdito suizo – en realidad se llamaba Hans Abele y era un antiguo agente de la Gestapo - la mató a botellazos y arrojó el cadáver al mar. Su cuerpo apareció flotando en el puerto. El proceso seguido por el tribunal de Tánger no aclaró el móvil real del crimen.

• Las espías: Vitxori Etxeberria, Itziar Múgica, Delia Lauroba y Tere Verdes

La religión del nacionalismo exigía sus catequistas. Y así, en 1923 surgió la Emakume Abertzale Batza (Asamblea de Mujeres Nacionalistas) para difundir la buena nueva abertzale entre la sociedad. La mujer vasca comenzaba a salir de su microcosmos – caserío, cocina, fábrica e iglesia – para entrar en la vida pública. Catorce años después un grupo de jóvenes nacionalistas iba a vivir una extraordinaria experiencia.

Cuando estalló la Guerra Civil Española, la causa republicana opuso poca resistencia en Navarra. No obstante, en algunos valles pirenaicos persistió cierta oposición. En Isaba había algunas familias "rojas", y en el Baztán, algunos elementos del PNV. Entre ellos Vitxori Etxeberria, de Elizondo. Cuando en agosto de 1937 los batallones nacionalistas vascos se rindieron a los italianos en Santoña, el Gobierno Vasco deseaba conocer los términos exactos de la capitulación. José María Lasarte, que dirigía los servicios de inteligencia, buscó desde la seguridad de Bayona agentes que pudieran realizar esta operación. Y las mujeres debieron tomar el relevo de los hombres. En especial, las cuatro chicas: Vitxori, las donostiarras Itziar Múgica y Delia Lauroba y Teresa Verdes, de Bilbao.

Lasarte pensó en Vitxori, que había ayudado a escapar a Francia a algunos correligionarios. Le recomendó contactar con Itziar Múgica, y que entre ambas obtuviesen una copia de lo firmado en Santoña. Ninguna de las dos tenía experiencia en labores de información y no veían forma de realizar este cometido. Al final pidieron ayuda a otra joven, Delia Lauroba. Delia se había casado con José Azurmendi y vivía en la calle Miracruz de San Sebastián. Cuando estalló la guerra su marido fue nombrado comandante de Eusko Indarra, las milicias de ANV, los nacionalistas vascos que formaban parte del Frente Popular. José estaba detenido en la prisión del Dueso. Delia en sus visitas al penal había establecido relación con uno de los cocineros, paisano suyo, y a través de él obtuvieron la copia del Pacto de Santoña. Vitxori la pasó a pie hasta Bayona. Y así surgió el grupo, al que posteriormente se unió Tere Verdes.

Había 12.000 prisioneros republicanos en Vizcaya, 3.500 en Navarra, 1600 en Guipúzcoa y 800 en Álava. En octubre comenzaron los fusilamientos: primero ejecutaron a 79 presos del Dueso y a partir de diciembre los pelotones de fusilamiento se trasladaron a la cárcel de Larrinaga, en Bilbao. Desde Francia les pidieron información sobre la represión franquista para airearla internacionalmente. La única posibilidad de parar las ejecuciones residía en lograr la intercesión de las cancillerías extranjeras. El grupo actuó muy eficazmente. Lograron robar 200 expedientes de presos sin delitos de sangre condenados a muerte que convencieron a la opinión pública internacional de la brutalidad de Franco. Informaban a las embajadas del número e identidad de los condenados a la pena capital, así como de la fecha de su ejecución. Los gobiernos de Gran Bretaña, Francia, Italia, Argentina y Suecia intervinieron a favor de los presos. Más pasivo se mostraba el Vaticano, cuyo nuncio, Antoniutti, era partidario de la causa de los nacionales. El conocimiento de las ejecuciones frenó las represalias de Franco contra los vascos, pues no deseaba asustar a las democracias ni dejar en mal lugar a sus aliados italianos matando católicos. Pero, una jugada cruel del destino, José Azurmendi estuvo entre los que no pudieron salvar.
La organización crecía, y les buscaron un jefe. Varón, por supuesto. Vitxori llevó desde Francia el nombramiento al nuevo responsable, el ingeniero Luis Álava. Según cogían mayor confianza, su actuación se volvía más audaz: escamoteaban expedientes en cárceles y juzgados, falsificaban documentos y sentencias para evitar fusilamientos... La ineficacia de la administración franquista era tal que con un simple sello falso hacían milagros. Contaban con el apoyo - por razones humanitarias, políticas o venales - de bastantes personas: alguna monja, un pasante de los juzgados militares, el policía Arguiano, un oficial del ministerio de la Guerra... También comenzaron a procesar información para el ejército francés: composición de la Legión Cóndor, situación de los aeródromos españoles, fortificaciones pirenaicas, características técnicas de los aviones italianos, movimiento de buques del Eje... En total entregaron al Deuxième Bureau más de 700 notas. La red también ayudó a cruzar la frontera a 70 personas, entre ellas el futuro vicelendakari Javier Landáburu.





El grupo de aficionados lo estaba haciendo muy bien. Pero todo se torció porque el primer equipo demostró ser mucho peor que los suplentes. Los responsables de información del Gobierno Vasco en París huyeron ante la llegada de los alemanes y dejaron en el piso de la Avenue Marceau documentación que incriminaba al grupo. La Gestapo comunicó los datos a la policía española, que actuó con pasmosa lentitud. Durante seis meses no hicieron nada, pero a finales de 1940 comenzaron a dejarse ver por San Sebastián y Elizondo. Delia empezó a sospechar, pero antes de huir quiso confirmar que no se trataba de una falsa alarma. Su contacto en el ministerio de la Guerra podía informarles, pero era peligroso utilizar el teléfono. Así que mandó a Mario Salegui a Madrid. Le proporcionó un salvoconducto, el billete de tren y 2000 pesetas para imprevistos. En la capital Mario comprobó que el contacto había volado pero antes de que pudiera advertirles la policía cayó sobre el grupo. El 20 de diciembre de 1940 la político-social efectuó detenciones en Elizondo y en enero cayó la red en San Sebastián y Bilbao. Sólo tres personas lograron escapar.
Los llevaron a Madrid. Durante seis meses los interrogaron en la calle Fomento y luego trasladaron a las mujeres a las Ventas, a los sacerdotes a Porlier y al resto, a Santa Engracia. La vigilancia la ejercían monjas y el trato a las chicas era aceptable. Todos los días les llevaban la comida del Bar Náutico, regentado por un donostiarra. El control policial era tan defectuoso que una vez se presentó con el almuerzo el propio Mario Salegui, que también estaba en búsqueda y captura. La vista se celebró el 3 de julio y los cargos fueron adhesión a la rebelión y espionaje, con las agravantes de trascendentalidad y peligrosidad.





En el Consejo de Guerra se dictaron 19 penas de muerte, entre ellas las de nuestras protagonistas. El general Saliquet firmó la sentencia y las cuatro fueron conducidas a la galería de los condenados a muerte de Porlier. Parecía que todo había acabado. Sin embargo, de forma sorprendente dos meses después el juicio se anuló por disentimiento de la auditoría.





La nueva vista se celebró en el Supremo 14 meses después, en septiembre del 42. El fiscal pidió 14 penas de muerte. Al final la sentencia condenó a 30 años a Múgica y a Etxeberria, 25 a Verdes y 20 años a Lauroba. El único ejecutado fue el responsable de la red, Luis Álava. Pese a las peticiones internacionales para que conmutase la pena, Franco no cedió y lo fusilaron el 6 de mayo de 1943.





Las chicas salieron pronto de la cárcel debido a las presiones de los Aliados, con la satisfacción de haber escapado con vida y la frustración de ver como Franco también se salvaba. Hoy, 60 años después, Delia Lauroba, la única superviviente, aún puede contarlo.





La contrabandista: Maritxu Anatol





Un lugar común afirma que la frontera imprime carácter, que genera tipos humanos originales, poco respetuosos con las reglas y la sacrosanta autoridad. Si este tópico fuese cierto explicaría la figura de Marichu Anatol. Marichu nació el 24 de enero de 1909 en Irún, donde su padre poseía una agencia de aduanas. La familia tenía posibles: uno de sus hermanos era ingeniero, otro sacerdote y un tercero logró la Legión de Honor por sus investigaciones químicas. Marichu entró a trabajar en la agencia con gran escándalo, pues se consideraba que no era una actividad propia del bello sexo. Tenía doble nacionalidad, española y francesa, y muchos deseos de aventura y acción, que no se saciaban con el papeleo de la oficina ni con asuntillos de contrabando, principal actividad del Irún de la época.





Cuando estalló la guerra civil su familia se trasladó al otro lado del Bidasoa, a la parte francesa. En el verano de 1940 los alemanes confiscaron parte de su vivienda y quince soldados se alojaron allí. La Resistencia le ofreció colaborar en tareas informativas y de paso de fugitivos y ella dijo sí sin pensarlo dos veces. Su temperamento inquieto encontró por fin acomodo en las actividades clandestinas. Abastecía a los aviadores aliados derribados con huevos, verdura y calzado que conseguía en caseríos o en España, concertaba citas, buscaba alojamientos... “Eramos un grupo de aventureros, de personas decididas”, así definía retrospectivamente su actividad. Pasó por la comisaría de la Gestapo en Bayona y por la prisión de Biarritz. Logró mantenerse firme en los interrogatorios y la soltaron.





En la red Comète para la que trabajaba desconfiaban de sus métodos. Marichu se movía con soltura en los familiares ambientes del contrabando, donde proliferaban los confidentes. Uno de los contrabandistas de su grupo fue visto saliendo de la Commandantur de Bayona. Ella lo defendió, afirmando que mantener tratos con los alemanes permitía obtener informaciones útiles para los pasos. Pero lo cierto es que en Comète descubrieron con horror que había bastantes personas que sabían de su existencia por indiscreciones de los contrabandistas. Por otra parte, el contacto de Marichu alojaba a los aviadores en una casa donde residía un agente de la Gestapo y la amante de un oficial nazi. Así que prescindieron de ella y de su equipo, encomendándole únicamente cambiar pesetas para el trayecto a través de España.





Finalmente los peores temores se cumplieron y el 13 de julio de 1943 el grupo de Marichu fue detenido por la Gestapo. Tres fueron deportados a Alemania – de donde volvieron maltrechos pero vivos - y Marichu logró salvarse. Sin embargo, su forma de actuar independiente y personal gustó poco en Londres y no obtuvo ninguna de las medallas que se repartieron con generosidad tras la Liberación. En 1945 Marichu volvió a Irún donde dirigió su propia agencia de aduanas en los años sesenta. Falleció en 27 de agosto de 1981.








Tomado de: La Guerra Civil en el país vasco




miércoles, 2 de julio de 2008

Poco colesterol "bueno" es malo

Poco colesterol "bueno" es malo

Un estudio francés muestra que el déficit intelectual del hombre a partir de los 60 años está relacionado con los bajos niveles en la sangre de colesterol "bueno"

Las personas de mediana edad con niveles bajos del denominado 'colesterol bueno' pueden estar corriendo un alto riesgo de sufrir deterioros de su memoria que degeneren en una enfermedad de Alzheimer o en otras formas de demencia, según un estudio realizado por investigadores del Instituto Nacional Francés para la Salud y la Investigación Médica de la Escuela Universitaria de Londres. "El estudio pone en evidencia la clara relación entre el colesterol bueno y la aparición de un declive cognitivo, incluidos numerosos factores susceptibles de conducir a una demencia" (accidentes cardiovasculares, consumo de alcohol), afirma la directora del estudio, Archana Singh-Manoux, del Instituto Público de Investigaciones Médicas (INSERM).

El declive cognitivo es la primera etapa hacia la demencia.

El estudio, publicado el lunes en la revista especializada Arteriosclerosis, Thrombosis and Vascular Biology, se realizó entre 3.700 funcionarios ingleses no dementes. Se tomaron muestras de sangre con cinco años de diferencia (en 1999 y 2004) para medir las concentraciones de grasas sanguíneas, el colesterol HDL (el bueno) y el colesterol LDL (el malo). Al mismo tiempo, los participantes fueron sometidos al test de memoria de las "20 palabras": debían citar el máximo número de palabras de la veintena presentadas instantes antes. La incapacidad de citar más de cuatro palabras significa "un déficit cognitivo", mientras que el olvido de más de dos palabras entre dos fases del estudio se interpreta como un "declive". Para las personas con un bajo nivel de colesterol bueno (menos de 40 miligramos por decilitro) el riesgo de déficit intelectual aumenta un 27% con respecto a aquellos con un nivel de HDL elevado (+60 mg/dl). Cinco años más tarde, las personas con un nivel de colesterol bajo presentaron 53% de riesgo suplementario de tener un declive intelectual (61%). Según Singh-Manoux, los niveles de colesterol bueno (beneficioso para el sistema cardiovascular y neurológico) se pueden aumentar con "medidas simples".

La American Heart Association preconiza una actividad física regular, evitar el consumo de grasas "trans" (de origen industrial) y de reducir de manera general el consumo de grasas, especialmente de origen animal, y sustituirlo por el aceite de oliva.


domingo, 29 de junio de 2008

Muchachas picantes

Muchachas picantes

ROBERTO PERRY C.

De ciertas damas
Carlos Lleras Restrepo.
Fundación Simón y Lola Guberek, Bogotá, 1986, dos vols. 360 y 385 págs.

Si el lector quiere unas lecturas amenas, poco extensas, deliciosamente informativas e incluso capaces de volver a despertarle el interés por la historia, la mejor obra para sus vacaciones será De ciertas damas. Su publicación es otro acierto de la Fundación Simón y Lola Guberek.

Estas reseñas de Lleras ofrecen una prosa correcta y no por ello tiesa. Al contrario, se trata de páginas mucho más fluidas y brillantes que no pocos de los editoriales políticos y económicos del expresidente, a menudo demasiado denso para la generalidad.

En De ciertas damas se recoge una buena muestra de los compendios de biografías de mujeres famosas que Lleras ha publicado en el semanario Nueva Frontera desde el decenio pasado. Y constituye buen ejemplo de lo que se puede hacer en el campo del periodismo cultural en Colombia. Frente a la odiosa invasión de chismes sobre femeninos personajes de hoy, tan característica de otras revistas que circulan entre nosotros, Nueva Frontera ha optado por tratar, con gracia, tacto y altura, de la vida y milagros de mujeres en verdad interesantes. Cumple así con la misión de divulgar temas con frecuencia desconocidos, al tiempo que presenta un cuadro de lo que se produce entre escritores, periodistas e historiadores de Italia y Francia.
¿Quién se oculta tras las reseñas de Lleras? Un periodista que lo es airoso y velloso, como quiera que en su producción ha tratado tanto del déficit fiscal como de las intimidades de Clara Petacci y Benito Mussolini. Se muestra, además, un liberal colombiano, de los formados a comienzos del siglo, educado, sí, en un liceo de sacerdotes, pero franco, realista y dispuesto a reconocer, por ejemplo, los desvío que abundan durante algunos pasajes de la historia de las jerarquías católicas, en especial durante los siglos XV y XVI. Se muestra, en fin, un liberal en su actitud con respecto a la mujer: delicado, admirador, enamorado, incluso devoto, pero siempre con un dejo de paternalismo, una diáfana cortesía y mucha sensatez.

Destaca la preferencia del expresidente por la condesa de Castiglione 1. La reseña de su biografía es la más extensa y detallada, tal vez porque la Castiglione participó de manera activa y decisiva, como ninguna otra de las mujeres cuya vida se escudriña en De ciertas damas, en una de las pasiones de quien reseña: la política. La beldad florentina desempeñó papel fundamental en el proceso de unificación de Italia, así como en las conversaciones que se adelantaron para dar fin a la guerra franco-prusiana. Nacida para brillar, Virginia, de corazón duro hasta para con su hijo, y de fría mirada, comenzó a hacer noticia en su mundo desde los diecisiete años, cuando empieza a centrar sobre sí la atención de los hombres de Estado de Europa; y la de sus pueblos. Y esa vida llamativa, frenética y pródiga sólo menguará al llegar los años difíciles.

No exagera quien reconoce que ella aportó casi tanto a la causa de su nación como el célebre conde Camillo di Cavour. Lleras escribe esta reseña con admiración, sí, pero con alguna distancia; y hasta con pavor, si se compara su idea de la Castiglione con lo que expresa luego sobre Clara Petacci, su Claretta 2.

La vida de la amante de Mussolini resulta otra cadena de hechos en el tenebroso intento por retornar a una Roma de hace más de dos mil años. La abnegadísima Claretta aviva la ternura en el periodista y le arranca elogios que son, en efecto, muy propios de un liberal. Su entrega incondicional —mejor: ciega, servil y morbosa— resume uno de los casos más patéticos que haya registrado la historia de la política. Sin embargo, ni el autor de la biografía ni el de la reseña dan muestras de haber profundizado en torno a la condición morbosa que se apodera del alma de la protagonista. Simplemente la ven deambular por los corredores de su propia historia de amor (tan parecida, en ocasiones, a la historia contemporánea de Italia); la ven, como quien ve pasar a un autómata, y ella los deja asombrados pero acríticos; lo extraño es que la personalidad de Clara los maravilla, en el mejor sentido de la palabra. Y poco se ahonda, así mismo, en el tremendo efecto que la propaganda debió de haber ejercido sobre la imagen que la loca de amor se forjó de su hombre, su tirano.

No sucede otro tanto con la biografía de Beatrice Cenci 3 En la reseña se va creando el clima espiritual preciso que llevará a la desgraciada Cenci al parricidio. Se muestra de la muchacha su amor por la vida y la libertad que triunfa sobre la represión, el terror y los abusos a los que Francesco Cenci ha sometido a su propia familia. Se muestra también la integridad de Beatrice, que no delata a sus cómplices sino cuando se le hace evidente que los van a torturar en su presencia para indagar la verdad; entonces la noble mujer hace lo posible por salvarlos. Beatrice es, con mucho, el alma más pura que pasa por los dos tomos de la obra: es la vida que se defiende con una nobleza pasmosa, una mujer asaz diferente de la Bella Otero 4 y de la meretriz augusta 5.

El conjunto de reseñas comienza con la de la biografía de Mesalina, mujer del emperador Claudio, la cual llegó a competir en el lecho con una prostituta, superándola. La aproximación a la vida anímica de la hetera imperial se basa en la idea de que era demasiado joven cuando llegó a emperatriz y en la conclusión de que el ambiente corrupto de la corte romana la lanzó a los excesos que la hicieron famosa. Alguna participación, tal vez no la suficiente, se le reconoce a la prosaica glotonería y a la repugnante rudeza de su imperial y cojo marido. Claudio abandonó a Mesalina en una soledad creciente, en aras de su amor por la historia y los asuntos de Estado. Aunque el personaje cobra vida, se nota alguna carencia de las perspectivas con que se podría iluminar su vida íntima. Mesalina queda retratada, incluso reanimada, pero poco explicada. La pobre, también del siglo XX recibirá juicios e incomprensión. Tanto Lleras como los biógrafos sobresalen por la posesión de un excelente acopio de información, pero no tanto por la de una intuición psicológica aguda. En esto también se hace patente su formación liberal.

Carolina Carasson danza, por entre las líneas que reseñan su biografía, sensual e irresistible, como siempre, deslumbrándonos como deslumbraban en los salones de Europa y de América sus piernas, su morenidad y su sangre mediterránea. Y a su lado se ve correr la de tantos hombres a quienes desdeña con la volubilidad de su corazón. Algo de Remedios la bella se anuncia en ella. Cuando no el río de sangre, fluye el de las joyas, los millones y. . . los favores. No se puede ver en Lina a una mujer fría y calculadora, como la Castiglione, sino un ser poseído por su cuerpo, y por la corrosiva admiración de los demás, casi sin identidad mental, casi un animalillo al que no se podría enjaular jamás, en fin, una mujer salvaje de tan elemental, pura y arcaica. Ese es el origen de la inconsciencia con que afronta los suicidios de no pocos de sus adoradores. Y es ésa, también, la diferencia principal con la Castiglione: carece, del todo, de una formación que le permitiría pensar e instalarse a sus anchas en la historia, en el curso de los pueblos y tomar posición ante asuntos que atañen al género humano. Reina de su mundo, en los otros tuvo la prudencia de no entremeterse; tampoco le habría sido posible trascender su evidente condición plebeya. La Castiglione reinó con su hermosura en la corte de Napoleón III y con su habilidad y sus intrigas en la política interestatal europea; cosas demasiado aburridas, tal vez, para la Bella Otero. Vale la pena conocer su vida, sin embargo, porque ella contribuyó, a caso sin comprender del todo lo que hacía, en la construcción de la nueva concepción del arte que nos ha dado este siglo. La magia instintiva con que movía cada músculo de su cuerpo soberbio, con que cantaba, hizo entender que la danza, clásica o moderna, más que academias y teorías lo que exige es alma, pasión.
Pasión de española y de noble también atribuyen Maria Bellonci y Lleras a Lucrezia Borgia 6, como la explicación de su tolerancia para con las fechorías de su padre y sus hermanos. Pero Lucrezia capitula una y otra vez no sólo porque se sabe Borgia, sino porque es mujer; y como mujer de su siglo, nacida en una familia hispánica y residente en la península itálica, se le hace clara su condición de apéndice de los varones de su casa. No obstante, o acaso por esto mismo, la aproximación a la vida afectiva y mental de la Borgia es la más completa y refinada de De ciertas damas. Apoyado en la obra de la Bellonci, que elogia generosamente, Lleras llega en verdad cerca de un personaje de carne y hueso, y su reseña tiene para nosotros la ventaja de deshacer unos cuantos mitos que circulan aquí en torno a la imagen de la duquesa de Ferrara.

Menor atención merecen las otras tres reseñas 7, que, en realidad, parecen un poco fuera de sitio en los dos volúmenes de De ciertas damas. El primer devaneo sexual de Napoleón resulta, como tema, poco concordante con el título. Por lo demás, la reseña de este asunto y las dos restantes son demasiado breves y fugaces, por lo que rompen el ritmo que establece la mayor parte del libro.

De ciertas damas vale, también, y ante todo, como obra didáctica, que podrá catalogarse entre lo mejor de nuestro periodismo formativo. Nada más útil para quienes no tenemos acceso a ediciones extranjeras en otras lenguas o para quienes necesitan suplir con buenas reseñas las lecturas que no podrán llevar a cabo por falta de tiempo.
ROBERTO PERRY C.


NOTAS:
1 Massimo Grillandi. La Contessa di Castiglione, Rusconi, Milán.
2 Roberto Gervaso. Claretta. La donna che mori per Mussolini, Rizzoli Editore, Milán, 1ª. Edición, abril de 1982.
3 Norberto Valentini, y Milena Bacchiani, Beatrice Cenci. Un intrigo del Cinquecento, Rusconi, Milán, 1a. edición, marzo de 1981.
4 Massimo Grillandi, La Bella Otero, Rusconi, Milán, la. edición, noviembre de 1980.
5 Francesco Mazzei, Messalina, Rusconi, Milán, enero de 1983.
6 Maria Bellonci, Lucrezia Borgia, Mondadori, octubre de 1974.
7 Se trata de reseñas sobre las obras que se citan a continuación en el orden en que aparecen en De ciertas damas:a) Le cortigiane veneziane del Cinquecento, edición a cargo de Rita Casa-grande de Villaviera.b) Guy Breton, Historias de amor de la historia de Francia. Maunice Rat, Aventurieres et intrigants du Grand Siecle.Maunice Rat, Dames et bourgeoises amoureuses ou galantes du XVIe. siecle.Les grandes favorites de toutes les époques et dans tous les pays, edición de selecciones de varios autores a cargo de Alain Decaux.
Tomado de: Biblioteca Luís Ángel Arango. http://www.lablaa.org/

martes, 24 de junio de 2008

Nelson Mandela: 90 años de lucha

Nelson Mandela: 90 años de lucha
El prisionero político más famoso del mundo, Premio Nobel de la Paz y primer presidente negro en la historia de Sudáfrica, cumple 90 años el 18 de julio de 2008



"Durante toda mi vida me he dedicado a la lucha del pueblo africano. He peleado contra la dominación blanca, y he peleado contra la dominación negra. He buscado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que todas las personas vivan juntas en armonía e igualdad de oportunidades. Es un ideal que espero poder vivir para ver realizado. Pero si es necesario, es un ideal por el cual estoy preparado para morir".


Nelson Rolihlahla Mandela nació el 18 de julio de 1918 en Umtata, entonces capital del llamado territorio de Transkei, que se extendía desde el pie de las montañas Drakensburg hasta la costa del Océano Índico. Fue el primer presidente de Sudáfrica en ser elegido por medios democráticos bajo sufragio universal. Tiempo antes de ser elegido presidente fue un importante activista contra el apartheid que y estuvo encarcelado durante 27 años.

El gobierno de Sudáfrica rechazó todas las peticiones de que fuera puesto en libertad. Mandela se convirtió, al igual que Mahatma Gandhi, en un símbolo de la lucha contra el apartheid dentro y fuera del país, una figura legendaria que representaba la falta de libertad de todos los hombres de color sudafricanos.

Durante su tiempo en prisión, Mandela se convirtió en la figura más conocida de la lucha contra el apartheid en Sudáfrica. Pese a que el régimen del apartheid y las naciones aliadas a éste lo consideraron junto al Congreso Nacional Africano como un terrorista, su lucha fue parte íntegra de la campaña contra el apartheid.

El cambio de políticas contra éste, que Mandela apoyó con su liberación en 1990, facilitó una pacífica transición a la democracia representativa en Sudáfrica.

Después de haber recibido más de una centena de premios por más de cuatro décadas, Mandela es actualmente un célebre estadista que continúa dando su opinión en temas fundamentales, es portador de un mensaje que parece trascender fronteras. En Sudáfrica es conocido como Madiba, un título honorario adoptado por ancianos de la tribu de Mandela.

Entre los premios que ostenta se encuentran: Embajador de la conciencia, premio otorgado por Amnistía Internacional en 2006, premio Nobel de la Paz en 1993, premio de la Paz de Mahatma Gandhi, premio Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional, Premio Internacional Simón Bolívar (1983) y premio nacional de la paz (1995).

En noviembre de 2003, la Fundación Mandela lanzó una nueva campaña a nivel internacional con el objetivo de recaudar fondos para la lucha contra el SIDA. La campaña lleva el nombre "46664", el número de prisionero del líder sudafricano en Robben Island. Además de la campaña contra el SIDA, Mandela sigue promoviendo en su fundación paz y reconciliación a nivel internacional. Ha creado también un Fondo para la Infancia y la Fundación Mandela Rhodes, que concede becas a jóvenes sudafricanos.

Celebración por todo lo alto

La organización de lucha contra el sida auspiciada por Nelson Mandela, 46664, ha invitado a felicitar al ex presidente sudafricano por su noventa cumpleaños con un mensaje de texto, a fin de crear la mayor felicitación virtual de cumpleaños de la historia.
La campaña comenzó el lunes 16 de junio, 46.664 minutos antes de su aniversario, y las líneas de teléfono estarán abiertas hasta el próximo 18 de julio, cuando Mandela cumplirá 90 años. Todos los mensajes recibidos serán mostrados en la página web http://www.happybirthdaymandela.com/frontHome.seam

También como parte de las celebraciones por su noventa aniversario, el Hyde Park londinense acogerá el próximo 27 de junio un gran concierto en homenaje al ex presidente sudafricano y Nobel de la Paz Nelson Mandela, cuyos beneficios irán a parar a la lucha contra el sida.

El dúo español Amaral figura entre el selecto grupo de artistas que participará en la iniciativa, además de Simple Minds, Annie Lennox (de Eurythmics), Sugababes y el cantante italiano Zucchero, que actuarán ante una audiencia de 46.664 personas. Mandela estará presente en el concierto de Hyde Park -donde posiblemente anuncie su retirada definitiva del activismo-, además de en otros actos organizados en su honor con el objetivo de recaudar fondos para las organizaciones que apadrina.

Tomado de talcualdigital.com

sábado, 21 de junio de 2008

Inti Raymi, la fiesta ancestral que sobrevive

Inti Raymi, la fiesta ancestral que sobrevive
Maria Victoria Romero



Perú, 19/06/08- A pesar de los dos mil años de calendario gregoriano, los pueblos originarios festejan un nuevo año sustentado en otro tiempo. Un rito ancestral, parte de la historia e identidad latinoamericana que resistió a la cristianización y el genocidio al pueblo indígena.

El 21 de junio se celebra el Inti Raymi, fiesta principal del imperio inca antes de la llegada de los españoles, que provocó un corte en el libre desarrollo de una cultura. Los festejos se realizaban durante el solsticio de invierno, tiempo en donde el Sol se encuentra en el punto más alejado del ecuador.

Los incas creían que su dios desaparecía en la inmensidad del universo; para evitarlo le imploraban y le rogaban que se quedara, así el hambre no se apoderaría del Tahuantinsuyo, el más grande y antiguo imperio del continente americano.

El Inti Raymi constituye una de las fiestas emblemáticas de los pueblos andinos. Durante la época de los incas, formaba parte de los cuatro festivales celebrados en el Cusco. Duraba nueve días, había bailes y sacrificios.

En 1535, se llevó adelante el último Inti Raymi con la presencia del Emperador Inca. El arribo de los europeos peligró la continuidad de la cultura y sociedad de los pueblos originarios. Años más tarde, el virrey Francisco de Toledo prohíbe el Inti Raymi por considerarlo una ceremonia pagana y contraria a la fe católica. No obstante, los indígenas continuaron la celebración en forma clandestina, como modo de resistencia y lucha por no desaparecer.

En 1944, se reconstruye la celebración basada en los relatos de Garcilaso de la Vega. Desde ese momento, la ceremonia pasa a ser un evento público que merma la cultura indígena y se traslada a la sociedad como gran atractivo turístico. Los escritos de Gracilazo de la Vega cuentan que la fiesta del Sol era uno de los principales acontecimientos a la que concurrían “los curacas y señores de vasallos de todo el imperio con sus mayores galas e invenciones”. La preparación era estricta. Durante los días previos “no comían sino un poco de maíz blanco, crudo, y unas pocas de yerbas que llaman chúcam y agua simple. En todo este tiempo no encendían fuego en toda la ciudad y se abstenían de dormir con sus mujeres”.

Ese día, el soberano y sus parientes esperaban descalzos la salida del Sol en la plaza -expresan las crónicas-. Puestos en cuclillas con los brazos abiertos dando besos al aire, recibían al astro rey. Entonces el inca, con dos vasos de oro, brindaba la chicha: del vaso de la izquierda bebían sus parientes; el de la derecha era derramado y vertido en un tinajón de oro

Cinco siglos después, el Inti Raymi se mantiene intacto en las culturas indígenas y demuestra ser parte de la riqueza cultural e histórica latinoamericana y que las culturas originarias continúan impresas en el imaginario colectivo. Devenido en espectáculo turístico, tiene festejos en diversos puntos de la región.

En Catamarca, Argentina la fiesta es con baile y teatro. En Cañar, Ecuador se abre paso al décimo noveno festival Inti Raymi. Antonio Caizán, presidente de la Unión de Pueblos y Comunas Campesinas Cañaris (Upccc), explica que es una fiesta espiritual en la que interviene un personaje volador que realiza un rito simbólico para acercarse al Sol ofreciéndole un kero (pequeña vasija) de chicha para reconfortarlo.

En Cusco será la primera vez que la ceremonia se presente en inglés, francés y español. Al respecto, Ismael Zuta, presidente de la Empresa Municipal de Festejos de Cusco (Emufec), indicó que la iniciativa partió del público y además es considerada necesaria: “son muchos los turistas extranjeros que vienen para este certamen y no todos entienden el español”.


En sintonía, la Ministra de Comercio Exterior y Turismo, Mercedes Aráoz destacó que el Inti Raymi “es una fiesta tan importante que hace posible que vengan más visitantes a nuestro país, quienes además de recorrer los maravillosos lugares del Cusco, pueden conectarse a ciudades como Arequipa, Nasca y seguir el circuito turístico del sur. El año pasado tuvimos visitantes internacionales muy famosos que asistieron a esta fiesta cusqueña”.


La permanencia de ritos, costumbres y el pensamiento mágico dan cuenta de la firme resistencia de los pueblos originarios y del pensamiento popular para no ser borrados de la historia. Una lucha silenciosa que se expresa en la permanencia de relatos que forman parte de la identidad latinoamericana, un relato propio y autónomo que cuenta el drama, vida y experiencias de los excluidos de la tierra. La otra historia que sobrevivió a los intentos de siglos de ocultarla y extirparla de la memoria colectiva.

Tomado de: http://www.glocalia.com

viernes, 20 de junio de 2008

IFNI, la guerra secreta

En junio, hace 40 años (2007). Un telegrama anunciaba el fin de la guerra de Sidi Ifni. Un conflicto en el que murieron 300 españoles y más de 500 resultaron heridos. Tan oculto por la censura que hasta se dudó de que hubiera existido.
Por Jesús Torbado

IFNI, la guerra secreta



El general Mariano Gómez de Zamalloa, el laureado del Pingarrón, el héroe de la División Azul en las estepas rusas, recibió en su despacho de gobernador general de Sidi Ifni, África Occidental, un telegrama de Madrid con el siguiente texto: "Representante bandas armadas asegura a partir 12,00 horas día 30 harán alto el fuego ese sector. Observe cuidadosamente actitud enemigo, extremando precaución. Fuego propio totalmente prohibido. Aviación no debe volar". Ese día 30 era el del mes de junio de 1958. Va a hacer ahora cuarenta años. El texto del telegrama venía a decir que la guerra había terminado.







Pero ¿qué guerra? ¿Existió alguna vez -como decía Giraudoux de la de Troya- una guerra en Ifni? Después de todo, ¿acaso existió Ifni? ¿Existe aún? Es verdad que murieron al menos 300 españoles y que más de 500 fueron seriamente heridos en las batallas, que muchos miles de soldados de reemplazo lo pasaron muy mal en las trincheras y puestos de vigilancia montañosos de aquel enclave africano, y hasta época tan reciente como 1969, pero ¿fue aquello una guerra?
En el lenguaje oficial de entonces se calificó el asunto como incidente; los asediados en aquel paraje inhóspito y lejano solían hablar entre sí de "la guerrita".




La censura de noticias fue tan dura, perfecta y rigurosa que cuatro décadas más tarde hasta el mismo nombre del escenario se ha borrado casi por completo de la memoria de la mayoría de españoles. No obstante, aquellos acontecimientos deben considerarse como la última guerra internacional que ha mantenido España. Y su verdadero resultado, como el verdadero fin de los siglos de colonización española, saldado con sangre. No obstante, a nuestro lado hay hombres y mujeres que todavía lamen las heridas entonces sufridas, que recuerdan a sus muertos, que guardan en sus casas y en sus memorias objetos o recuerdos de lo que ocurrió en el invierno de 1957 en la Ciudad de las Flores, es decir, en Sidi Ifni; y en el Campo, es decir, en los 2.000 kilómetros cuadrados de montañas estériles y hermosas plantadas en el pecho atlántico de África, casi frente a las islas Canarias, que un grupito de soldados al mando del coronel Capaz había ocupado el 6 de abril de 1934.

Los legionarios españoles calzaban alpargatas para combatir en un terreno de arena y piedras
La colonia se mantuvo durante apenas 35 años, la guerra que nunca se declaró y cuyo sello de paz oficial jamás fue estampado duró unos ocho meses. La noche del 23 de noviembre de 1957 estuvo a punto de ocurrir un desastre parecido al de Annual de 1921. Estaba todo dispuesto para que guerrilleros marroquíes controlados secretamente por el actual rey Hassán, entonces príncipe heredero, asesinaran en sus casas a todos los habitantes de Sidi Ifni y que tomaran todos los fortines del interior del territorio. La indiscreción de la cuñada aldeana de un policía nativo y la fidelidad de éste a su capitán evitaron la tragedia: le advirtió del ataque previsto. El periodista Jos Martín recuerda que su padre le contaba siempre cómo de madrugada se le presentó un soldado con un extraño y urgente mensaje: "¡Sin novedad, mi capitán: han matado al centinela!".



El asalto al polvorín y la toma de la ciudad fue un fracaso que se saldó con un puñado de muertos, pero todos los puestos del interior quedaron asediados. Son terribles las historias que han contado los supervivientes que durante unos diez días estuvieron cercados, hasta que las fuerzas paracaidistas recién creadas y los legionarios consiguieron liberarlos. Muchos de estos liberadores murieron en el empeño, como muchos de los asediados, y algunos nombres se conservan en el recuerdo y en el afecto de sus familias: el alférez de las Milicias Universitarias Rojas Navarrete, el teniente Ortiz de Zárate...

Pero la censura fue tan férrea que ni los habitantes de la capital ifneña llegaron a saber lo que sucedió en las guarniciones del interior; ni siquiera, en realidad, los mandos militares, a juzgar por cómo actuaron. Los poquísimos historiadores que se han acercado a aquellos sucesos -militares todos- se sorprenden de que un gobierno militarista como el de Franco tuviera a su ejército en tan patéticas condiciones. Las dolorosas anécdotas son innumerables. El primer muerto ilustre, el comandante Álvarez Chas, cayó al mar en un viejo Heinkel 111, con toda su tripulación, por un error en el momento del aterrizaje. "En el aeródromo existían todas las marcas posibles de whisky, pero faltaban elementos de guía a la navegación", cuenta un testigo.
Resultó que aquel glorioso ejército carecía de casi todo: los aviones eran antiguallas de los años treinta; los Junkers que Alemania había enviado a comienzo de la guerra civil, a falta de bombas lanzaban bidones de gasolina provistos de un sistema de explosión artesanal ideado por un teniente; a los soldados se les entregaban hasta cinco viejos fusiles Máuser, con la esperanza de que algunos funcionaran cuando tuvieran que dispararlos; los legionarios calzaban alpargatas para combatir en un terreno abominable de arena y piedras; cargaban todavía con una manta y su ración alimenticia se reducía muchas veces a un chusco y una lata de sardinas; para socorrer a los asediados se les lanzaba el agua dentro de neumáticos de camión, a falta de envases mejores, que reventaban al llegar al suelo; la puntería de los aviadores era tan mala que disparaban contra soldados propios que salían desesperados de los fortines en busca de agua y comida; para las comunicaciones, se usaban radios de carga a pedales... Una pobre defensa llevada a cabo con "vieja chatarra cuidadosamente remendada", como escribe el general Casas de la Vega.

En los sesenta, Sidi Ifni floreció como nunca y los militares cobraban tres veces su salario
A todas aquellas desdichas se añadió un tiempo tan malo, con lluvias y mar agitado, que el enclave estuvo casi un mes sin poder recibir ayuda de Canarias. Muchos civiles tuvieron que formar parte de somatenes para vigilar la ciudad por la noche, incluido en un llamado Batallón de la gabardina, incluso al lado de un puñado de periodistas del régimen que fueron enviados para cambiar la realidad por crónicas literarias... Escaseaba la comida, proliferaba la epidemia de gripe. Las bandas marroquíes dominaron en seguida todo el territorio y consiguieron incluso golpes notorios, como la aniquilación de toda una bandera de la legión, con 97 bajas (42 muertos), en Edchera, en el territorio sahariano, el 13 de enero del año 58... Franco, mientras tanto, disculpaba a su "hermano" el sultán Mohamed V, que había logrado la independencia de Marruecos un año antes, y hablaba como siempre de las asechanzas del comunismo internacional. Pero las Bandas atacantes, unos 5.000 hombres perfectamente organizados y pertrechados en formaciones guerrilleras, eran gente enmascarada de un ejército oficial marroquí al que el propio Franco estaba regalando armas y municiones. Más aún: muchos de sus oficiales habían estudiado en la Academia de Zaragoza.



Navidad


Los habitantes de Sidi Ifni recuerdan con lágrimas aquella terrible Navidad de 1957, encerrados en la hermosa ciudad colonial. Ni la fugaz presencia de Carmen Sevilla en plan Marilyn Monroe, de Gila y otros actores y cantantes pudo aliviar sus penas... y su falta de comida. Tampoco los miles de paquetes -turrón, naranjas, botellas...- que se enviaron desde la península a los combatientes y asediados, recogidos por un programa de La Voz de Madrid. Lo poco que no se perdió en el camino o entre manos interesadas, se repartió en el mes de marzo, polvoriento o podrido. De la colonia sólo quedó en poder de los españoles la hermosa ciudad que ellos mismos habían construido sobre el rocoso vacío desértico, con un círculo de seguridad de unos cinco kilómetros de perímetro defendido por alambradas y trincheras.

Así se mantuvo durante 11 años, y con la ridícula categoría de provincia española, la número 51. En las Cortes franquistas aparecían baamaranis de Ifni y saharauis de la otra provincia, Sahara Occidental, ataviados con vistosos uniformes, a cobrar la paga y a preparar las últimas traiciones cuyas consecuencias todavía colean en el Sahara Occidental, después de la famosa Marcha Verde de 1975. Aquella mañana del 31 de julio de 1969, va a hacer veintinueve años, se arrió la bandera de España del mástil de la plaza del mismo nombre (hoy plaza de Hassán II). Unos meses antes ya se habían embarcado los restos de los caídos y hasta las cruces que presidían sus tumbas en aquel cementerio que durante la guerra se iba agrandando de noche sin que los civiles de Sidi Ifni supieran por qué. Algunos oficiales lloraron, y también mucha gente de Ait Ba Amrán. La autoridad obligó a todos los civiles a salir de allí, a todos. Pagaron cien mil pesetas a cada uno para que rehiciesen su vida en otra parte.

Pero en esos últimos 11 años, en los sesenta, la ciudad todavía asediada brilló como un insólito paraíso. No había riqueza alguna, pero el gobierno asfaltó calles, levantó y pintó casas, construyó un extraño e ingenioso puerto a golpe de millones (puerto que los marroquíes abandonarían enseguida). Sidi Ifni floreció como nunca: los militares todavía salían a caballo a cazar gacelas, cobraban su salario hasta multiplicado por tres, paseaban con uniformes blancos, se casaban con gran boato, multiplicaban las fiestas, las partidas de póquer... Y los pocos civiles que completaban la población española vivían como en una película. Mientras, seguía siendo muy dura la vida en la península.

A su lado, unos 8.000 baamaranis, más otra gente de Marruecos, tenían hospital, escuelas, beneficios de todo tipo. También muchos de ellos lloraron, especialmente los áscaris, los antiguos soldados de nuestro ejército. En realidad, se sabe que unos 8.000 chavales de esas ásperas montañas habían sido reclutados para luchar en la guerra civil. Licenciados, seguían cobrando sus pensiones. Todavía ahora muchas familias viven del dinero que un militar les lleva desde Las Palmas cada dos meses.

La que fue hermosa ciudad colonial conserva todavía muchos recuerdos de la presencia española y no han sido eliminados aún todos los rótulos de calles y negocios. Mucha gente siente nostalgia de aquella riqueza y mantiene con cierto entusiasmo el idioma que aprendieron. Claro: el hotel España se llama Belle Vue, el cine Avenida está cerrado, en la fachada del ayuntamiento se lee Hôtel de Ville, la iglesia de Santa Cruz, descabalgadas las campanas y tapiada la gran cruz, es sede de los juzgados; el palacio del gobernador sigue siéndolo, pero de Hassán (que nunca ha querido ir a ocuparlo); el aeródromo al que volaba Iberia es un campo de matorral para cabras... El primer hotelito de la ciudad de Sidi Ifni continúa llamándose Suerte Loca y por allí merodean alemanes de chamarra de cuero que fuman kif o turistas de paso asombrados por la mera existencia de una ciudad tan extraña en aquella esquina del mundo. Su antigua belleza se va marchitando día y a día y hace poco se sacó a subasta el fastuoso edificio de la Pagaduría militar, también llamado Consulado. Continúa en su fachada el escudo del águila con su yugo y sus flechas... Los baamaranis de a pie -el barbero, el carpintero, los empleados del ayuntamiento- se lamentan de que España haya olvidado la ciudad que levantó, la cultura que sembró, los recuerdos que dejó.

De tarde en tarde cae por allí un nostálgico español que luchó en las banderas paracaidistas o de la Legión, o que padeció un servicio militar muy largo y muy duro en las trincheras del monte Bulaalám. Aquí ocurrió esto, allá ocurrió lo otro, dirá a sus hijos... O tropieza en la calle con antiguos compañeros de escuela, como le ocurrió hace dos meses al explorador Kitín Muñoz, nacido allí. Los tenientes de la guerra son hoy generales y no quieren hablar del asunto. Porque hubo demasiadas historias tristes: sangre, corrupción, derrota... También algunos destellos de gloria, ciertamente. Porque todavía se mantiene el secreto.

Pero Sidi Ifni, la que fue levantada por ingenieros militares a lo largo de tres décadas sobre el acantilado, frente a un mar intratable, existe todavía. Languidece solitaria a unos doscientos kilómetros al sur de la turística Agadir, ensimismada en su propia sorpresa, pero dueña aún del rescoldo de las bellezas que un día tuvo. Después de todo, sólo han pasado treinta años desde el cambio de bandera, aunque parece que casi todo ha sido olvidado.

El imperio de arena

Guiado por la curiosidad, el escritor Jesús Torbado se asomó a Sidi Ifni en 1982. Quedó atrapado por el misterio, la magia y las cenizas de la historia en aquel lugar. Quince años más tarde, después de otras visitas, decidió meter en un libro la novela que allí existía. Acaba de publicarla Plaza & Janés con un título muy simbólico: El imperio de arena. La protagoniza una mujer, porque "las mujeres resisten mejor la soledad", cuya vida transcurre en paralelo a la historia de Ifni. La señorita Elisa se queda sola en la ciudad, hasta nuestros días, resistiendo y luchando por sus derechos, sus nostalgias y su propia felicidad: civil entre militares, cristiana en un mundo musulmán más tarde, varada en el desierto... Su vida, que ella misma relata, discurre como el tiempo en un reloj de arena, hasta que un joven estudiante, que ignora incluso el nombre de la ex colonia, tropieza con su existencia y surge un doble enamoramiento: de la mujer y de Sidi Ifni. Ficción e historia real aparecen inextricablemente mezcladas para rescatar un mundo perdido y olvidado en la vorágine de la historia española contemporánea, pero que gozaron y sufrieron miles de españoles.
M.S.

IFNI: desde Isabel de Castilla

1495-97. El caballero Diego de Herrera, en conflicto con Isabel de Castilla, levanta un torreón realengo defensivo en la costa occidental africana.
1509. Portugal reconoce a España sus derechos en ciertas partes de la costa para que establezca fortines.
Siglos XVI-XIX. España mantiene para los canarios sus derechos de pesca a lo largo de la costa, que va cuajándose de nombres españoles.
1860. Un tratado de paz con Marruecos obliga al sultán a ceder territorio suficiente para establecer una pesquería, pero no se señala ni lugar exacto ni extensión.
1878. Después de largo forcejeo diplomático con Francia se señala Ifni (Ait Ba Amrán) como posesión española; es la zona más pobre, áspera y árida de toda la costa y parece que bastante alejada de la original Santa Cruz de la Mar Pequeña. Los gobiernos españoles, metidos en tantos conflictos internacionales con las otras colonias desatiende ese derecho. Marruecos hasta 1900 y luego la omnipotencia francesa impiden la ocupación real.
1884. Hombres de negocios de la Sociedad de Pesquerías Canario-Africanas adquieren la península de Río de Oro para establecer una base de apoyo para sus barcos.
1903. España nombra un primer gobernador: el capitán Francisco Bens.
1934. Finalmente, y después de algunos intentos fallidos, una modesta tropa llegada por mar al mando del coronel Capaz ocupa pacíficamente, con mucha habilidad y algunas bolsas de plata, una playa y una aldea llamada Amezdug, y luego una parte del territorio del interior que los franceses recortan. Empieza a construirse la ciudad y se realizan levas de mercenarios para la guerra civil.
1947-1956. Años de paz y gran florecimiento económico.
1956. Tras la independencia de Marruecos, comienzan los incidentes: atentados, asesinatos en puestos aislados, etc.
1957. El 23 de noviembre las llamadas Bandas Armadas inician un ataque total. Sidi Ifni queda asediada. La colonia queda reducida de dos mil a unos treinta kilómetros cuadrados.
1958. En enero se le da título de provincia española. En marzo hay un muerto y un herido, más toda una tripulación de un avión Heinkel, que se estrella. La última baja es un soldado de Tiradores, el 19 de mayo.
1969. El 31 de julio se abandona completamente la ciudad.
1975. Cruza por Sidi Ifni parte de los integrantes de la Marcha Verde que ocupa finalmente el Sahara Occidental.
1997. Sale a subasta pública, sin éxito, el último edificio de propiedad española en la ciudad, la Pagaduría.